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Una tarde para descifrar a los poetas
Una tarde para descifrar a los poetas
Lia Rodríguez Reina

28/1/2026

Una antolgía poética es como una playlist de música en aleatorio o, como diría Forrest Gump, como una caja de bombones: nunca sabes qué te va a tocar. En eso está lo divertido. Y aunque el acto de leer casi siempre queda reservado a un espacio solitario, donde solo existe el binomio libro-lector, a mí entender, la poesía tiene bondades sobre otras formas de escritura. Una de ellas es la brevedad, que permite, por ejemplo, organizar tertulias para leer versos. La tarde del pasado 22 de enero, el espacio cultural Nodo Habana acogió una lectura de poemas, protagonizada por tres Premios Nacionales de Literatura: Nancy Morejón, Miguel Barnet y Virgilio López Lemus. La excusa fue la celebración de los 40 años de la Agencia Literaria Latinoamericana, a la cual pertenecen los tres; sin embargo, estaba claro para todos los presentes que el motivo real, era la poesía. Más allá de disfrutar la lectura, en un ejercicio casi inconsciente, mi atención se centró en los poetas: cada uno se mostró ante el público con un estilo propio para leer, que se ganó su atención de una forma u otra. Nancy fue la voz de apertura, la femenina, la de la calma y sensación de arropo. Hubo en su lectura, por el contrario, una denuncia latente, un dolor humano que traspasa siglos y que, sabemos los que la hemos leído, transversaliza su obra poética. Creo que nunca me cansaría de su emblemático Mujer negra, por su capacidad de condensar en una decena de versos, la historia de un millón de negros esclavos que llegaron a Cuba. Es ella también muy dada a la conversación en medio de la lectura, donde aprovecha para explicar el contexto sociopolítico que inspiró sus creaciones y de paso, romper la línea invisible que la separa de quienes la escuchamos. Noté que además, al pronunciar palabras en inglés se desdobla la Nancy traductora, y muestra así como todas sus facetas convergen en una: la de poeta. Virgilio por su parte, es del tipo pragmático. Anunció que leería tres poemas clasificados por las temáticas del amor, la belleza y la fe. Su lectura fue rápida, con una proyección enérgica de la voz que se distanció del tono pausado que había mantenido su antecesora. Pero no por eso fue su poesía menos deliciosa. Miguel Barnet, sin embargo, se robó todo el show de la tarde. Sus intervenciones casi siempre terminaron entre la risa de los presentes y, a diferencia de los otros poetas, él se inclinó únicamente por el amor. Al término de sus primera poesía solo pudo escucharse el suspiro colectivo, por esa sensación de sorpresa que nos inunda al identificarnos en un poema o, en mi caso, conocerlo de antes. Precisamente, ese Pero no vengas Porque lo que yo quiero realmente Es esperarte lo leí hace algún tiempo en una antología de poemas de amor de autores cubanos. En general, quedé impresionada por su lectura, pues imitaba con su voz la desesperación de los amantes, apresuraba los versos y casi al final, frenaba de golpe su impulso para entonar con verdadera maestría y dramatismo, las últimas palabras del poema. Ese efecto, provocaba invariablemente un murmullo en el público cada vez que terminaba. La segunda ronda, si bien fue más breve, transcurrió en el mismo orden y bastante similar a la primera. Hubo más libertad en la selección final y aunque hay quienes dicen no creer en lo casual, por esa tarde decidí apostar a las coincidencias. Barnet terminó diciendo yo soy el que anda por ahí/empujando un país//No es una fantasía, es cierto,/me he pasado la vida empujando un país, y no pude evitar remitirme a Piñera, a ese fragmento de La isla en peso que tenía en la mano, en un papelito a modo recuerdo. Decía este último que bajo la lluvia, bajo el olor, bajo todo lo que es una realidad,/un pueblo se hace y se deshace dejando los testimonios[...]//hasta saber el peso de su isla,/el peso de una isla en el amor de un pueblo. En la voluntad de empujarlo. Ese truco del azar selló la tertulia y la tarde en la que me di a descifrar a los poetas, solo para descubrir que, a pesar del tiempo y del peso de la isla, no son tan distintos unos de otros.